miércoles, mayo 10, 2006

Los prejuicios del terror

"El existencialista tampoco pensará que el hombre
puede encontrar socorro en un signo dado sobre
la tierra que lo oriente; porque piensa que el
hombre descifra por sí mismo el signo como
prefiere".
Sartre

Diste un paso hacia la luz y no viste nada. Giraste a la izquierda, tampoco viste nada.
Vinieron a tu mente recuerdos de la infancia jugando a la gallina ciega y te preguntas: -¿gallina yo?, nunca-.

Trataste de huir pero no lo lograste. Vaya problema una pared se estrello contra tu ser. Te paraste y gritaste:
-Auxilio, alguien ayúdeme, auxilio-, de repente alguien desde muy lejos te dijo: -¡Ey, tira de la cuerda!-.
-¿Cuál, cuál cuerda?, no veo, no la veo-.
-Haz algo por ti, ¡buscala!-

Ese fue el momento. Tu piel comenzó a mutar. Tu piel de gallina, tu pico cerrado y tus manos que decidieron retar la ley de la gravedad. Con desespero comenzaste a buscarla, tus pasos eran cortos, rápidos e impacientes. Escarbaste en la montaña, de nuevo oíste la voz.

-¡Apurate!, no ves que la noche es larga y hasta ahora comienza-.Tu piel en ningún otro momento pudo ser tan tuya.
-No me asustes, no me presiones-.
-Cállate y apurate, estas cambiando-

Viste un árbol, te antojaste una fruta, trataste de cojerla y lo hiciste. ¿Y la cuerda dónde está? necesitas ver, te invaden los gritos, te invade el terror.

-No eras el único, la muerte llegará, no es tan grave-.
-Pero yo soy muy joven-.
Giraste y decidiste correr, pero ¿te olvidaste de la cuerda?
-Corre, corre-.
-Tira de la cuerda, ¡cojela!
¿Cuál cuerda, cuál?

Esa cuerda se convirtió en tu problema, así hayas pensado correr hasta donde nadie te viera.
¿Por qué no pensaste en ver a los demás?

Autor: Kondoro.